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Título de la leyenda:
Muñeca.
Datos sobre el informante:
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Nombre: Sandra Terrón Elices
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Edad: 23 años
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Lugar de nacimiento: Fuenlabrada (Madrid)
Fecha en que hemos recogido la leyenda:
Verano del 2000
Lugar: Jarandilla de la Vera
(campamento)
Texto de la leyenda:
Ésta
es la historia de la muñeca de porcelana de mi hermana, la muñeca
que le había regalado una anciana mujer el verano anterior. Un día
estaba estudiando en mi habitación y oí un ruido raro. Me
levanté para ver lo que era y justo cuando lo hice, el ruido dejó
de oírse. Por la noche me tuve que quedar con mi hermana porque
mis padres iban a cenar fuera. Yo no tenía mucho sueño y
bajé a ver la tele, cuando al rato escuché como si mi hermana
hablase con alguien. Subí y me escondí para ver lo que era.
Era mi hermana hablando con su muñeca. No le di importancia, porque
era pequeña. Después bajé y seguí viendo la
tele. Al rato oí a mi hermana gritando, subí a toda prisa
y vi a mi hermana muerta y las manos de la muñeca llenas de sangre.
La muñeca estaba embrujada.
Empecé a llorar, cogí la muñeca y la quemé.
En ese instante me quedé dormida, y cuando desperté, nada
de eso había pasado.
Nombre del recopilador:
Iván Fernández Elices
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«Yo me acuerdo de una que oí cuando estaba chico, como por
el 85 o por ahí. Era de que los muñecos de los pitufos eran
satánicos y de noche asesinaban a sus dueños.
¿Alguien más lo escuchó?»
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«Yo también la escuche por ese tiempo. Entonces, sí,
tal parece que se trató de una niña que tenía uno
de estos juguetes, los pitufos, y en las noches estos muñecos cobraban
vida y la rasguñaban toda. En la mañana, cuando se despertaba,
los padres de la joven asustada no sabían qué hacer. Después
tuvo que venir un cura a bendecir la casa y sintió la presencia
de ellos, así que mandó a los padres a que quemaran los muñecos
. Te puedo asegurar, y no es mentira, que esto se debe no sólo al
muñeco, sino a lo que representa el muñeco en sí.
Verás, en mi casa cuando era joven teníamos unas estatuas
de muñecas, de éstas que sus ojos se cierran y abren con
el movimiento que uno les proporciona. Bueno, también se sintió
la presencia en su mirada penetrante, esa mirada que te indica, como en
la Mona Lisa, que te mira así donde tú vayas... Bueno, en
mi casa siempre pasan cosas extrañas, y una de éstas era
producida por estas muñecas; por suerte, nos deshicimos de éstas
guardándolas en unas cajetas, pero siempre me quedé con la
duda, asustado en la noche. No fue hasta después de un tiempo que
me deshice de ella: las mandé a unas personas en el Darién,
pero creo que estas historias no terminarán hasta deshacernos de
todas ellas. Me di cuenta de que las muñecas o estos juguetes son
como frascos vacíos, que uno los llena de energías: éstas
pueden ser positivas o negativas. Por su composición y estructura,
tienden a recoger maldad. Algunos llegan a niveles extremos, hasta apoderarse
de estos juguetes formas etéreas, demonios, etc. Los trolls, las
muñecas de porcelana, los indiecitos de plástico, todos estos
objetos (¡ah, y claro, los pitufos!)... Tengan cuidado, los niños
son, a través de sus energías, los que corren más
peligro de ser afectados, ya que el niño y el juguete se retroalimentan.
Cuidado, sáquenlos, quémenlos, pero tengan mucho cuidado
por si su forma es fuerte y consistente: puedes tener hasta un Chuky.»
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«Bueno, yo no sé si esto cae dentro de la categoría
de una leyenda urbana, pero fue algo que vi una vez y me pareció
un poco raro. Hace un par de años una prima de mi mamá nos
invitó a ella, mi prima y mis hermanos a pasar un fin de semana
en Taboga. Nos la pasamos todo el día en la playa y en la tarde,
cuando regresamos a la casa para bañarnos, me dijeron que a mí
me tocaba dormir en un cuarto con mi prima mientras mi mamá
dormía con mis dos hermanos en otro. Cuando entré al cuarto,
frente a la puerta había un mueble (como un gavetero grande) y arriba
tenía una muñeca de ésas de antes que parecían
de verdad. Lo que me pareció raro es que la muñeca estaba
sentada mirando hacia la esquina, como si estuviera castigada. Salimos
a pasear y después se fue la luz, así que regresamos a la
casa disque a dormir, pero mi prima se fue a una fiesta a una parte de
la isla que sí tenía luz, dejándome a mí solo
en el cuarto. Yo sólo sé que me acosté mirando a la
pared y me cubrí la cabeza con la almohada y la sábana y
que esa noche no pude dormir nada. Hasta el día de hoy no sé
qué significaba eso de la muñeca mirando a la pared.»
(versiones panameñas
tomadas de
http://foros.latinol.com/u/Forum2/HTML/000585.html).